lunes, 21 de mayo de 2012

Fotos de la vida.

Mi hija está haciendo un curso de fotografía en el Taller Aquelarre. Lo inició como complemento de la carrera de Comunicación que está cursando desde hace dos años, pero se ha convertido, con el paso de las semanas, en un interés principal.
El detenerse a mirar de otra forma para lograr una fotografía, es la enseñanza que estamos viviendo. Y digo "estamos" porque al contarme su experiencia y mirar día a día las nuevas fotos que logra, me está enseñando a mirar distinto.

A cambiar el ángulo, a evaluar las luces y las sombras, a pensar si uso o no el zoom.

En la consulta, uno saca una fotografía, que nunca debe ser estática. Recuerdo el rostro del consultante, pero también las manos, la posición de los hombros, las arrugas, el tono de voz.... Todo me dice cómo es la persona, pero más que nada debo retratar lo que siente en ese momento. Y así me voy componiendo un álbum con los sentires, las alegrías y las tristezas de cada uno.

Las arrugas hablan del sacrificio y del crecimiento; algunos las muestran, otros las disimulan. Las marcas muestran tanto un gesto de disgusto permanente en la vida, como las líneas de una sonrisa tan grande del alma que se instaló como un surco alrededor de los ojos.

La voz denota una mochila muy pesada, que pide alivianarse a gritos, y cuando se empieza a lograr eso, se vuelve más cristalina y cálida.

El brillo de los ojos a pesar de la edad, trae la esperanza al primer plano, a pesar de los sinsabores y las decepciones.

Y así, muchas instantáneas más, tantas como personas y situaciones se vivan.

Hoy mis recuerdos se van formando con una foto del primer día de consulta y otra del día de hoy. Hay consultantes que ayer lucían todo su dolor y crisis, y hoy salen retratados con una luz especial, que no es del flash, sino del alma. Otros aún están sombríos, pero la postura es más erguida, entonces estamos por buen camino.

Este album es el más preciado que estoy armando. Tanto como el que tengo de mi hija cuando bebé. Cada ser que pasa por el lente de mis ojos, se queda en la retina para siempre. Son las mejores fotos de mi vida.


Nota: la foto es de Eugenia Ladra. La flor Walnut, para los cambios.



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