Mientras se sacaba el abrigo, llamaba por dos celulares, al esposo y a su suegra, para coordinar lo que harían de cenar esa noche.
"Como le decía... no sé lo que le pasa... está inquieto, hiperactivo, me dice la maestra no?, no puede dormir bien, se pelea con los compañeros, me hace rezongar, no aprende bien en la escuela... qué le pasa al nene?" insistió.
Le pedí que se sentara tranquila, que respirara profundo y que tomara un sorbito de agua fresca.
"Se acuerda de su niñez?" le pregunté. "Claro!!!" me dijo, y empezando a distenderse y a olvidarse por un segundo del reloj, pensó en voz alta:" me encantaba el olorcito del desayuno cuando mamá lo traía a la mesa, antes de ir a la escuela. Jugaba mucho con mis amigas, en mi casa o en la de ellas, nos intercambiábamos juguetes, íbamos al cine los fines de semana... Ayudaba a papá a arreglar la bicicleta y luego salíamos a pedalear en el barrio. Me sentaba con mamá a hacer los deberes y podía pasar horas recortando revistas viejas para hacer collages. Los domingos eran mis días preferidos porque comía toda la familia junta y contábamos anécdotas muy graciosas..."
Su rostro se había distendido, sonreía feliz y distraída, jugaba con el cabello de su hijo, que la miraba contento y tranquilo...
Uno de los celulares sonó fuerte, rompiendo la magia del momento... un poco aturdida contestó: "está bien, comemos pre pizza, algo rápido porque tengo trabajo de la oficina que hacer en casa.."
Volvió en sí, y como pensando, me susurró... "Empecemos de nuevo... creo que mi esposo y yo podemos beneficiarnos con las Flores de Bach, y probablemente, nuestros hijos también..."
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