"Me voy mejor, más liviana..." me dijo una señora de cabello totalmente blanco, en una consulta hace un par de días. Y me dió un abrazo largo y amoroso. Eso resume lo que, gracias a Dios, algunas personas observan después de la charla que tenemos.
Cuando alguien entra a la consulta la primera vez, mientras saluda y se sienta, alcanzo a pensar que muchas veces ha de ser difícil sentarse frente a una extraña, desnudar el alma y exponer el corazón... Por eso a alguna gente le lleva meses decir lo que vino a decir. Dan vueltas, cuentan historias, se van por las ramas, mienten... hasta que llega un día que entienden que escucharse en voz alta lo que realmente sienten, puede ser liberador.
Por qué nos pasa ésto? Porque no nos gusta reconocer nuestras miserias, ni las de nuestra familia. Entonces maquillamos, componemos, hasta nos creemos una historia, que sabemos, porque en el corazón lo sabemos, que no es verdaderamente la nuestra. Eso no está mal, es supervivencia pura. Pero por algo no nos sentimos "livianos"...
Y por qué no podemos reconocer nuestros defectos? Porque antes, hemos juzgado a los demás y les hemos puesto esos mismos defectos.
Personalmente, el juzgar es una de las cosas en las que debo trabajar a diario, como persona y como terapeuta. Y qué difícil que es... Pero quiero contarles, que a medida que avanzo, es maravilloso, no opinar sobre por qué Juana hizo lo que hizo y Pedro actuó de tal manera... Y tampoco decirles, lo que a mi entender deberían hacer...
Sé que cada uno hizo lo mejor que pudo en su momento, tuvo la mejor intención, y eso me basta. Sobre lo que vino antes o después, empezaremos a trabajar el día que tú lo decidas.
Esta fuerza que nos crea y nos lleva por la vida, es tan sabia... A menudo a través de los consultantes, una revive historias familiares,situaciones que estaban olvidadas y hasta descubre cosas de su historia familiar que ni sabía... todo en el proceso de tratar de ayudar al otro a ayudarse a sí mismo...porque en definitiva, también el que vino me ayuda a mí.
Muchas veces el argumento que me cuentan se diluye, es como que no necesitáramos tenerlo en cuenta, sólo se trata de sentir lo que el otro siente: dolor, miedo, amor, esperanza... allí, en las emociones, está todo escrito.
Acaso no es eso lo que nos conduce por la vida? Tengo miedo, por eso no avanzo... Me siento sola, por eso me enfermo para que vengan mis hijos... No me gusta decir lo que siento, a nadie le importa...
Y si te dijera que todos tenemos situaciones así? Que cada persona que se te cruza en el camino cuando vas a la panadería a la mañana temprano, tiene sus historias y sus miserias, y por supuesto!!! sus hermosas virtudes... Por eso cuando alguien llega con su autoestima muy baja, ó por el contrario criticando a alguien despiadadamente, a veces propongo " vamos a hacer dos listas, lo bueno y lo malo" y es maravilloso ver cómo de aquél a quien tanto criticamos, sale una lista larga de cosas ponderables, que ya nos habíamos olvidado que tenía.
Por eso el "no lo había mirado de esa forma", les confieso que es uno de los momentos que más disfruto de la consulta; simplemente el ayudar al otro a cambiar el ángulo de su mirada y tener una nueva perspectiva.
Saben cuántos consultantes, sin saberlo, me han ayudado a tener una nueva perspectiva de mi propia vida?
Les agradezco mucho por ello. Les agradezco su confianza, su compromiso. Les admiro en sentarse mes a mes, a compartir sus avances, sus proyectos, sus miserias, que darán lugar a sus virtudes, que de repente aún no lo saben...pero ahí están!! esperando que las descubras.
El Dr. Bach decía que a lo más que un Practitioner podía aspirar es a comportarse como un hermano mayor, que acompaña en este trecho del camino. Y yo, que no tengo de familia hermanos mayores, la vida me ha premiado con la consulta, donde llegan mis hermanos mayores de la vida, que a menudo, sin tener idea, ahí están para acompañarme en el trabajo que quiero hacer cada día mejor... Gracias!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario