domingo, 1 de julio de 2012

La bicicleta.

Ayer tomábamos una taza de té entre amigas, cuando Juana comentó lo mucho que le costaba hacer entender a sus hijos los valores que nos habían transmitido a nosotras cuando niñas.
Estaba angustiada, y dejamos que se desahogara, sabiendo para nuestro interior que en algún momento habíamos tenido sus mismas preocupaciones.

Los chicos de Juana son buenos chicos, la escuchan, aunque como todo pre adolescente parece que no... y no tengo dudas que tienen buenos valores, pero viven una época diferente, así como nosotras vivimos en una diferente a la de nuestros padres.

Uds. creen que son felices? nos preguntó.
- Claro que sí, tranquilizó Adriana, es que ellos también sienten los apurones de estos días.

- Ahora todo es para "ayer" filosofó Juana, medio tristona todavía.

Te acuerdas de mi bici verde? le pregunté, para distraerla.
_Claro, me dijo, me dió mucho trabajo convercerte para que me la prestaras!!! arrancando la risa de todas las cuarentonas presentes y haciéndome poner un poco colorada.

-Es verdad, tal vez la cuidaba demasiado, recordé.

Cuando tenía unos 8 años, soñaba con tener una bicicleta. Cada vez que pasábamos con mis padres por el comercio que las vendía, yo siempre tiraba una indirecta para que ellos se dieran cuenta de mis desvelos. "Llegaría más pronto a la escuela" "Podría llevarlo a mi hermanito" "Haría los mandados con muchas ganas"

Así pasaron los meses y llegó el verano. Un día mientras almorzábamos, mi padre me dijo, que lo habían pensado bien y que yo tendría mi bicicleta. Fue una de las noticias más esperadas en mi vida.

Pero antes, tenemos que ahorrar, me explicó. Pues claro, imposible comprar algo que yo suponía debía ser carísimo de un momento al otro. Nosotros ahorraremos y tú tendrás que ayudar haciendo lo que te toca, mejor de que de costumbre.

Recuerdo que fui mejor estudiante, y aprendí que podía dar más de lo que daba. También que hice los mandados sin protestar. Que aprendí a lavar los platos para ayudar a mi madre. Y que soporté los berrinches de mi hermano menor con una paciencia que ni yo sabía que tenía.

Soñaba con mi bicicleta. Cada día que pasaba yo sabía que estaba más cerca, aunque no cuánto, porque nunca me dijeron en qué momento la comprarían.

El verano se transformó en otoño, y el otoño dió paso al invierno, llegó la primavera y luego volvió el verano. Volvimos a pasar otro otoño y cuando llegó mi cumpleaños en ese invierno, al despertarme, mis padres me dijeron que íbamos a ir por mi regalo. Fuimos a buscarlo a casa de mi abuela, ya que ella también había colaborado para comprarlo.

Y ahí estaba mi bicicleta verde. Cuánta felicidad !!! Cuánta emoción!!! había valido la pena esperar.

La disfruté muchísimo, paseando con las amigas, y hasta haciendo los mandados para mamá, la abuela y cuanta vecina quisiera mandarme al almacén. La cuidaba, la lavaba, la guardaba, porque también sabía que cuando yo fuera más grande sería para mi hermano.

Hoy, pienso qué bueno que no había esta urgencia de hoy, de que todo sea para ayer... Todo ese tiempo, de entender el sacrificio de mis padres, de colaborar en todo lo que yo podía hacer y no sabía, en aprender a esperar...me hizo disfrutarla mucho más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario